Robin Robertson – Introducción a la Psicologia Junguiana

JUNG Y EL INCONSCIENTE

 Símbolos de transformación

… el concepto freudiano del complejo de Edipo causó una profunda impresión en Jung, pero él veía algo diferente a lo que Freud proponía. Para explicarlo brevemente, Freud sostenía que el tabú del incesto subyace en las profundidades de cada uno de nosotros. Como es ubicuo, era inevitable que encontrara un canal de expresión en nuestros mitos y literatura; Freud opinaba que había encontrado su expresión perfecta en el mito de Edipo, que sin saberlo mató a su padre Layo y se casó con su madre Yocasta. Cuando Edipo y Yocasta finalmente descubrieron la verdad, Yocasta se suicidó y Edipo se arrancó los ojos. Freud sostiene que este conflicto es primigenio y que se repite una y otra vez en nuestra existencia, especialmente en la vida de los niños entre los 4 y los 5 años. A esa edad (según Freud), aman a sus madres intensamente y odian a sus padres.

Freud convirtió el complejo de Edipo en la piedra angular de su teoría; era el elemento psíquico aislado más significativo subyacente en el desarrollo masculino. Jung vio algo mucho más sugerente en el descubrimiento de Freud: la idea de que todos los antiguos mitos siguen vivos en nuestro interior. En el caso de la historia de Edipo, mientras que Freud veía en ella una descripción apta para todo desarrollo psíquico, Jung vio sólo un ejemplo de una multitud de invariantes psíquicas que todos llevamos dentro.

 Los mitos en nuestra vida

El concepto junguiano del inconsciente colectivo no es una construcción filosófica ni un dogma religioso; es un intento, aunque ciertamente a veces algo primitivo, de presentar una descripción ajustada del mundo interior de la psique y su relación con el mundo material exterior. Jung descubrió este mundo al explorar minuciosamente los sueños de sus pacientes y relacionarlos después con temas similares que encontraba en los cuentos de hadas, mitología, arte y cultura de todo el mundo.

No se trataba de un ejercicio académico; se volvió hacia la mitología porque ello le ayudaba a comprender y a curar a unos pacientes con problemas reales. Por ejemplo, puede que descubriera un símbolo en el sueño de un paciente que le desconcertaba. Entonces buscaba en la mitología y encontraba un mito donde también aparecía ese símbolo, Puesto que los mitos cuentan historias sobre conflictos humanos, Jung podía comprender el conflicto que el paciente estaba experimentando, y que éste había mantenido oculto, tanto de Jung como de sí mismo. el conflicto reflejado en el mito debería haber tenido poca o ninguna relación con el problema real del paciente. Y sin embargo sí la tenía. Una y otra vez podía verse esa relación (como sigue siendo el caso).

Cuando le vamos quitando a la psique las capas de lo personal, todavía queda algo, algo común a todos los hombres y mujeres de toda época y cultura. Debido a que es literalmente inconciente, no podemos experimentarlo de manera directa. Igual que los físicos de partículas que observan el rastro dejado por las partículas subatómicas en una campana de iones, tenemos que observar el inconsciente mediante el rastro que deja en nuestros sueños y fantasías. Pero podemos construirnos modelos basados en esas observaciones, modelos que describan (fíjense en la palabra: que describan, no que expliquen) tanto su estructura como su relación dinámica con el consciente.

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LA PSIQUE

 Según Jung, el consciente, al parecer el sine qua non de la humanidad, es sólo la punta del iceberg. Bajo el consciente subyace un sustrato mucho más grande de recuerdos personales, sentimientos y comportamientos olvidados o reprimidos, que Jung denominó el inconsciente personal. Y debajo de ello yace el profundo océano del inconsciente colectivo, enorme y ancestral, lleno de todas la imágenes y comportamientos que se han ido repitiendo una y mil veces a lo largo de la historia no sólo de la humanidad, sino de la vida misma. Como dijo Jung: “…Cuanto más profundo vamos, más ancha se vuelve la base.”

En The Dragons of Eden, Carl Sagan popularizó el modelo triuno del cerebro de MacLean, que presenta el cerebro que rodea al chasis neural como tres cerebros separados y superpuestos, cada uno representando una fase de la evolución. Procedentes de lo más ancestral hasta lo más reciente, estos tres cerebros se podrían caracterizar por lo siguiente:

1)      El complejo R, o cerebro reptiliano, que “juega un papel importante en la conducta agresiva, territorialidad, ritual y el establecimiento de jerarquías sociales.” El complejo R probablemente apareció con los primeros reptiles hará unos doscientos cincuenta millones de años;

2)      El sistema límbico (que incluye la glándula pituitaria), o cerebro mamífero, que principalmente controla nuestras emociones. “Gobierna la conciencia social y las relaciones: pertenencia, cuidado, empatía, compasión y preservación del grupo.” Probablemente surgió no hace más de ciento cincuenta millones de años; y por último:

3)      El neocortex, el cerebro primate, “está más orientado que los otros hacia los estímulos exteriores.” Controla las funciones cerebrales más elevadas, como el razonamiento, la deliberación y el lenguaje. (…) Aunque probablemente apareció en los mamíferos superiores, “hace varias decenas de millones de años… su desarrollo se aceleró en gran manera algunos millones de años atrás, cuando aparecieron los humanos.”

Lo que Freud denominó simplemente el inconsciente, Jung lo llamó el inconsciente personal (para distinguirlo del inconsciente colectivo).

Consciente e Inconsciente

En su trabajo como psicólogos clínicos, Freud y Jung se vieron forzados a enfrentarse a las fuerzas que subyacen al consciente. Sus pacientes mostraban síntomas que reflejaban un conflicto entre los valores conscientes (que representan los valores de familia y cultura), y los deseos instintivos (de los que no se daban cuenta conscientemente). Freud se centró exclusivamente en el instinto sexual, mientras que Jung se dio cuenta de que cada uno de nosotros contiene una infinidad de atávicos comportamientos e imágenes. De acuerdo con ello, Jung decidió separa el consciente del inconsciente en un punto muy avanzado del desarrollo: aquél dónde nos damos cuenta de nuestros propios procesos internos.

Arquetipo y Complejo

…existen buenas razones para suponer que los arquetipos son la imágenes inconscientes de los propios instintos, en otras palabras, que son patrones de conducta instintiva… La hipótesis del inconsciente colectivo es, por tanto, no más atrevida que asumir que los instintos existen…

La cuestión es simplemente ésta: ¿existen o no formas universales inconscientes de este tipo? Si existen, entonces hay una zona de la psique que podríamos llamar el inconsciente colectivo.

La estructura de la psique. El inconsciente, sólo una parte diminuta de la psique, es de evolución reciente. Debajo está el inconsciente personal y debajo de éste la gran extensión del inconsciente colectivo. Toda experiencia sensorial es primero filtrada a través de los componentes del inconsciente colectivo –los arquetipos- que reúnen nuestras experiencias vitales a su alrededor para formas complejos. Si vamos quitando las capas de experiencias personales que conforman un complejo, descubrimos el arquetipo que éste contiene; el proceso se asemeja a ir pelando las capas de una cebolla.

 Arquetipos de desarrollo

… de la multiplicidad de arquetipos que nos salen al paso, ya sea en los sueños o proyectados en el mundo exterior, Jung escogió tres para dedicarles una atención especial, puesto que sentía que representaban de manera secuencial los estados del proceso de individuacion:

1)      La sombra: el arquetipo que personifica todos esos rasgos personales que han sido ignorados o negados, normalmente representados por una figura del mismo sexo que el soñante;

2)      El ánima/ánimus: el arquetipo que sirve de conexión con el inconsciente colectivo impersonal, normalmente representado por una figura del sexo opuesto al soñante;

3)      El Self: el arquetipo de la totalidad y la trascendencia, algunas veces representado por el anciano sabio o la anciana sabia (pero que sume una variedad de formas, tanto humanas como animales o abstractas).

En otros lugares he denominado a estos tres los “arquetipos del desarrollo” puesto que cada uno de ellos corresponde a una fase distinta del desarrollo psíquico. Cada uno se encuentra en un nivel más profundo de la psique.

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LOS SUEÑOS

 ¿Por qué soñamos?

Los animales menos desarrollados que los reptiles funcionan casi totalmente por instinto. La conducta programada aparece para poderse enfrentar a prácticamente cualquier situación. Pero los patrones de conducta fijos no funcionan muy bien ante un cambio; el animal individual necesita más libertad de comportamiento. Visto desde esta perspectiva, la complejidad cada vez mayor de los reptiles se desarrolló para ofrecer al reptil individual una gama más amplia de posibles conductas, más allá de las que ya llevaba grabadas desde su nacimiento. Los sueños primitivos podrían haber ido ligados estrechamente con una conciencia más compleja que permitía una adaptación individual al entorno.

Según esta teoría, los sueños son una parte básica de un sistema de conciencia global, antes que una anomalía residual. Durante el sueño se podrían ensayar una amplia gama de conductas futuras. Los sueños con conclusiones no resueltas se repetirían con alguna variación hasta que se diera una resolución. Los sueños que conducen a conclusiones insatisfactorias se darían cada vez con menor frecuencia que aquellos que tienen éxito en la resolución de problemas. Cada variación de aquellos que parecieron funcionar probablemente ocurriría con el tiempo.

Las complejas vidas sociales y emocionales de los mamíferos se verían entonces como un reflejo de una mayor complejidad, tanto en la conciencia como en el sueño. No sería un caso de qué causa qué, sino de una relación recíproca: mayor complejidad de conducta, que a su vez lleva a una mayor complejidad de conciencia y sueño, ad infinitum.

 Sueños y consciencia

Tanto si la consciencia es la joya de la corona de la naturaleza o no, realmente es su novedad más reciente. Nadie respetó más la conciencia, y los esfuerzos heroicos del individuo por aumentar esa conciencia, que Jung. El proceso de individuación, que él estudió meticulosamente y que analizaremos detalladamente en este libro, es le proceso de ampliación de la conciencia. Pero toda conciencia emerge del inconsciente, la madre final de todo lo viviente. Y los sueños están situados en esa frontera mágica entre consciente e inconsciente.

Debido a ello, los cambios importantes de nuestra vida se ven reflejados de forma simbólica en nuestros sueños mucho antes de que sean palpables en la vida exterior. Esto muchas veces sólo queda patente después del hecho, cuando se puede examinar una larga serie de sueños.

 La naturaleza inconsciente de los sueños

Puesto que los sueños habitan en ese punto fronterizo entre consciente e inconsciente, una vez registramos y nos relacionamos con nuestros sueños, se empieza a formar un puente entre esos dos mundos. Con un acceso más rápido entre consciente e inconsciente, el crecimiento y el cambio se aceleran. Una vez empezamos a hacer caso a nuestros sueños, ellos reaccionan ante nuestra atención. Entonces observamos su reacción y nosotros reaccionamos también.

Algunos psicólogos han teorizado diciendo que los sueños no se tienen que examinar de esta manera, que el hacerlo puede dañar la psique. Según mi experiencia, no tenemos que preocuparnos de que podamos dañar el proceso natural de desarrollo. el inconsciente parece encargarse de ello automáticamente. Si el soñante no está preparado para recibir una nueva pieza de autoconocimiento, él o ella puede analizar los sueños y jamás detectar el elemento crítico. Pasa por su lado como si no lo hubiera visto.

Ello es debido a que el inconsciente es precisamente eso: no consciente, es decir, aquello de lo que todavía no somos capaces de ser conscientes.

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LOS TIPOS PSICOLÓGICOS

 El tipo introvertido y el extravertido

… Freud veía a la humanidad como eternamente desgarrada entre el principio de placer y el principio de realidad. Es decir, todos queremos satisfacer nuestra necesidad de placer, especialmente el de carácter sexual, pero la realidad pone límites a nuestra capacidad para satisfacer esas necesidades. Claramente la opinión de Freud pone énfasis en el mundo exterior, en los placeres que están “ahí fuera”, y en las restricciones de “ahí fuera” (aún en el caso de que las restricciones externas se hayan convertido en internas).

Adler, al contrario, consideraba que la humanidad sufría de sentimientos de inferioridad de un tipo y otro. Para compensar ese complejo de inferioridad, intentamos conseguir poder. Al sentirnos poderosos, podemos borrar nuestros sentimiento de inferioridad. Está claro que la opinión de Adler pone el énfasis en el mundo interior, en nuestra respuesta subjetiva a los acontecimientos exteriores.

Naturalmente, cualquier evento se puede contemplar desde ambos puntos de vista. Podemos examinar lo ocurrido en el mundo exterior, o podemos examinar lo que sintió la persona acerca de esos acontecimientos. Jung se dio cuenta de que cada uno de nosotros tiene una predisposición hacia uno de estos dos enfoques en la vida. Un tipo de persona instintivamente se hace atrás cuando el mundo se le acerca, otro instintivamente se acerca a ese mundo exterior. Jung denominó al movimiento hacia el mundo exterior extraversión (del latín “extra”, exterior, y “exterus”, hacia fuera), y a la retirada hacia uno mismo introversión (del latín “intro”, hacia dentro). Un extravertido es la persona cuya actitud primordial hacia la vida es extravertida; un introvertido es una cuya actitud es introvertida.

Ambas actitudes son tan básicas que es imposible descubrir cualquier forma de vida tan primitiva que no muestre evidencia de ambos tipos de conducta.

Aunque todos somos capaces de escoger cualquiera de las dos reacciones ante el mundo cuando una situación así lo exige, preferimos, con diferencia, una  la otra.

Al igual que con tantos otros temas, Jung vio mucho más allá de las características de la conducta exterior, que resultan obvias. Para resumir: la extraversión es un dirigirse hacia el mundo para reponer energía, la introversión la busca en el interior de la psique.

Las cuatro funciones

Obsérvese cómo el concepto juguiano de introvertido y extravertido viene a mano para explicar la oposición entre Freud y Adler sobre los impulsos humanos primarios. No obstante, no explica diferencia de Jung con respecto a ambos. Debido a que el propio Jung era tanto un introvertido como un pensador brillante que se sentía algo incómodo con sus sentimientos, al principio tendía a equiparar la introversión con el pensamiento, la extraversión con el sentimiento. Le llevó a Jung casi diez años darse cuenta de que las diferencias entre introvertidos y extravertidos no eran el alfa y el omega de la personalidad humana. Gradualmente se fue dando cuenta de que el pensamiento y el sentimiento eran dimensiones diferentes de la personalidad, que eran independientes de si una persona era introvertida o extravertida.

Una vez libre de pensar en otras divisiones que no fueran la introversión y la extraversión, pronto vio que muchas personas se acercan a la vida no a través del pensamiento ni tampoco del sentimiento, sino de la propia sensación. (Las capacidades lingüísticas de Jung resultaron ser una herramienta útil, porque en el idioma natal de Jung, el alemán, sentimiento y sensación no se distinguen demasiado bien y por tanto se confunden fácilmente.) No obstante, parecía quedar una cuarta cualidad que no se distinguía claramente del sentimiento en ninguno de los idiomas occidentales, pero que a Jung le parecía cualitativamente diferente de éste, y que él llamó intuición.

La distinción que Jung utilizó fue limitar la sensación a la información que recibimos a través de los sentidos: vista, oído, gusto, etc. Utilizamos la intuición cuando recibimos información directamente del inconsciente, saltándonos la percepción sensorial. Como de todas maneras toda sensación radica en nuestro interior, la distinción no está tan marcada como pudiéramos imaginar.

Así pues, además de los dos tipos de actitud, introversión y extraversión, Jung tenía ahora cuatro funciones que utilizamos para relacionarnos con el mundo: pensamiento, sentimiento, sensación e intuición. La sensación y la intuición son funciones perceptivas. Las utilizamos para adquirir datos que después procesamos mediante el pensamiento y el sentimiento. El pensamiento identifica y clasifica la información que hemos adquirido mediante la sensación o la intuición. El sentimiento le asigna un valor; nos dice qué cosas son valiosas.

Como tanto el pensamiento como el sentimiento se pueden aplicar con razonamiento y discriminación, los denominó funciones racionales. Jung reconocía que tenemos una predisposición para equiparar razón con pensamiento, y descartamos el sentimiento como irracional, debido a que lo confundimos con su contraparte física: la emoción. Pero los sentimientos (al menos tal como Jung los definía) no son emociones. Una persona con una función de sentimiento claramente definida puede atribuir un valor a algo con el mismo razonamiento y clara distinción que el mejor pensador puede utilizar para colocar algo dentro de una categoría mental apropiada.

La sensación y la intuición, por otro lado, son funciones irracionales. Son nuestras ventanas al mundo, y como tales aportan los datos que el pensamiento y el sentimiento necesitan para funcionar. En nuestra época excesivamente racional, etiquetar algo como irracional equivale a condenarlo de antemano. Jung no tenía ninguna intención de darles connotaciones peyorativas cuando denominó a la sensación y a la intuición funciones irracionales. Cada función tenía un propósito y cada una de ellas era igualmente válida cuando era utilizada para su propósito correspondiente. Cada una de ellas quedaba asimismo invalidada cuando se la utilizaba para sustituir inadecuadamente a otra función.

Dense cuenta de que las cuatro funciones se pueden dividir fácilmente en dos pares complementarios: pensamiento frente a sentimiento, sensación frente a intuición. El pensamiento y el sentimiento se excluyen mutuamente: no se puede clasificar algo en categorías y al mismo tiempo otorgarle un valor. Tenemos que hacer una cosa u otra. Tampoco podemos utilizar nuestros sentidos para recabar información al mismo tiempo que miramos hacia nuestro interior para intentar vislumbrar lo que va a ocurrir. Como todos tendemos a seguir haciendo aquello que nos sale mejor, nos decidimos por una u otra de las cuatro funciones y la convertimos en nuestra función superior. La función opuesta pasa forzosamente al inconsciente. Jung la denominó función inferior.

Los tipos psicológicos como caminos de desarrollo

El concepto junguiano de tipos psicológicos es el punto de partida parael resto de las ideas de Jung. Este libro trata sobre el inconscientecolectivo, pero la gran visión de Jung fue que el inconsciente colectivo habita en cada uno de nosotros. Gran parte de nuestra vida está estructurada por los símbolos arquetípicos que forman las unidades organizativas del inconsciente colectivo. No obstante, los arquetipos sólo se manifiestan en nuestra vida a través del proceso de individuación. Y elcamino de la individuación viene determinado en gran parte por el tipo de persona que seamos.

Ello no significa que todos los del tipo pensamiento introvertido, o sensación extravertido, sigan el mismo proceso de individuación. En realidad existen tantos caminos de desarrollo como personas. Pero, por ejemplo, todos los del tipo sentimiento introvertido crecen y se desarrollan dentro de ciertos límites que son exclusivos de su clase. A la larga todos ellos tienen que descubrir alguna forma de enfrentarse con su función inferior, el pensamiento, puesto que éste es su camino hacia el inconsciente colectivo. Esto es así, por supuesto, no sólo para los del tipo sentimiento introvertido, sino para todos los demás tipos. Cada uno de nosotros tiene que descubrir su propio camino en la vida. Sirve de ayuda si parte de ese camino de desarrollo es compartido por otros como nosotros. Esto ofrece por lo menos un mapa parcial del territorio que pensamos explorar durante nuestra vida. Ello es especialmente importante en el sentido de que nos permite ser un poco más benevolentes con nosotros mismos y aceptar que no tenemos que seguir estrictamente el camino que otra persona opine que deberíamos tomar.

En los capítulos posteriores trataremos del camino de la individuación, utilizando el modelo junguiano de los arquetipos de desarrollo: la sombra, el anima/animus y el Self. Empezaremos con la sombra.

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LA SOMBRA

¿Somos como hojas en blanco al nacer?

A Jung le gustaba comparar un arquetipo con el cauce de un río que seha ido formando lentamente durante miles de años. Originalmente era sólo un arroyo de agua que seguía la línea de menor resistencia en su camino hacia el mar. El agua seguía por cualquiera de varios ramalesdistintos, uno era igual de posible que otro. No obstante, a medida quelentamente transcurría el tiempo, cada vez era menos probable que elagua cogiera cualquier camino en lugar del que ya había recorrido muchas veces anteriores.

Pero si las circunstancias cambiaban de manera suficientemente drástica, se podría formar un nuevo cauce. Por ejemplo, si una avalancha de rocas bloqueara una parte del río, el agua se vería forzada a tomar una nueva dirección. Si finalmente llegaba a entroncar con el cauce antiguo, como mínimo hubiera seguido una ruta nueva durante parte del recorrido. Pero quizá una parte del río nunca llegaba a juntarse con el cauce antiguo y se formaba un nuevo afluente.

Lo mismo ocurre con las invariantes cognitivas del inconscientecolectivo y, concretamente, con el arquetipo del Self, que es el que determina cada uno de nuestros destinos individuales. Muchos de nosotros pasamos toda la vida luchando contra nuestro destino, estancados en una ciénaga maloliente, lejos del río que nos podríaconducir al mar. Y si queremos escapar de ese cenagal, tenemos que estar dispuestos a enfrentarnos a nuestro primer desafío: la sombra.

La sombra en los sueños

Resulta inevitable que veamos el mundo a través del cristal de las relaciones humanas. No es sorprendente que nuestros sueños traten casi exclusivamente sobre las relaciones con los demás. Están básicamente poblados con las mismas personas con las que tenemos contacto en nuestra vida cotidiana. Pero también aparecen personas que conocemos muy poco, si es que las conocemos. Y, de vez en cuando, aparecen personas a quienes jamás hemos visto antes (y probablemente nunca lo hagamos): personas creadas por el inconsciente.

Jung opinaba que las cualidades que hemos negado en nuestra vida no se van a ninguna parte, simplemente quedan relegadas al inconsciente, donde se personifican como la sombra. Cuando nuestros recursos conscientes son inadecuados para tratar con algún tema nuevo en nuestra vida, y necesitamos cualidades que han sido relegadas al inconsciente mediante la negación o negligencia, esas cualidades aparecen como una figura de sombra en nuestro sueño. Siempre que tenemos sueños de sombra deberíamos considerarlos como el inicio de algún nuevo ciclo vital. Debido a que nuestras vidas son complejas, en cualquier momento de nuestra vida hay muchos de esos ciclos que están en marcha.

Las figuras de sombra normalmente aparecen primero en forma no humana: alienígenas de otro planeta, vampiros, zombies, criaturas semihumanas, etc. Nos hacen enfrentarnos a su presencia no deseada, aunque inevitable. Con el tiempo, estas figuras oníricas evolucionan y se van haciendo totalmente humanas, de nuestro mismo sexo, pero malas, diabólicas, despreciables. (¡Por supuesto nada que ver con nosotros, que somos criaturas perfectas!) Más adelante, siguen evolucionando y se convierten en personas lastimosas a quienes toleramos, pero que miramos por encima del hombro, después en conocidos, personas que vemos como figuras no especialmente importantes, pero a quienes toleramos como parte de nuestra vida cotidiana. Más adelante aún, las figuras de sombra se convierten en amigos, familiares, amantes. Finalmente, si hemos aprendido a integrar sus características no deseadas en nuestra personalidad, éstas ya no tienen que ser personificadas en el inconsciente. Hemos cambiado y ellas forman ya parte de nosotros.

La persona y su relación con la sombra

Todos necesitamos una identidad y, en lugar de luchar para definir nuestra propia y única identidad, la mayoría de nosotros estamos dispuestos a adoptar una identidad colectiva como la de «madre» o «padre», «bibliotecaria» o «programador informático.» Pero estos roles son como máscaras que no pueden cambiar de expresión. No importa cuál sea la situación, tenemos que reaccionar de acuerdo con nuestro personaje predefinido. Cuando alguien se encuentra estancado en su persona, nos parece superficial. No suscita gran interés porque, literalmente, carece de profundidad.

Asimismo, nos construimos una imagen ideal de nosotros mismos: amables y educados, pero fuertes y decididos. (O alguien en quien se puede confiar, leal, servicial, valiente, limpio y reverente como un boyscout ideal). Cualquier imagen de este tipo, compuesta exclusivamente por aquello que consideramos bueno y correcto, es demasiado ligera; le falta el sombreado oscuro que necesita para estar completa.

(…) el cristianismo desarrolló un ideal de perfección, de luz sin oscuridad. La oscuridad ha quedado escindida y se la atribuye a Satán, en lugar de considerarla una parte necesaria de nuestra naturaleza. Si existe la luz, inevitablemente existe la oscuridad, como compensación. Por lo tanto, todas las partes descuidadas y reprimidas de la personalidad se congregan alrededor de la sombra y se las asocia con el pecado y el mal.

Proyección

(…) Es por ello por lo que nuestros sueños producen figuras de sombra. En los sueños podemos relacionarnos con ellas de manera segura. En el inconsciente podemos tener nuestras discusiones, librar nuestras batallas y lentamente llegar a respetar su punto de vista, gradualmente aprendera soltarnos un poquito más. Pero si conscientemente permanecemos demasiado rígidos para hacer ningún cambio en nuestro sistema de valores, las figuras de sombra serán cada vez más amenazadoras y finalmente quedarán proyectadas sobre personas del mundo exterior.Una vez proyectada, finalmente nos vemos obligados a enfrentarnos a la sombra, por desgracia a expensas de la persona que recibe la proyección.

El hecho de que este proceso ocurra es asombroso. Evidentemente, algo de nuestro interior no aceptará nuestra visión unilateral de la vida. Jung llamó a este proceso la función trascendente (en el sentido de que «trasciende» nuestra perspectiva funcional normal de la vida). La función trascendente intenta restituir la totalidad llevando aspectos reprimidos o ignorados de la personalidad al consciente. Visto de esta manera, la sombra nos ofrece una oportunidad de crecimiento. Si la reconocemos y nos relacionamos con ella, crecemos. Si la negamos y la reprimimos, la sombra se va haciendo más fuerte hasta que tenemos que reconocerla y relacionarnos con ella. La psique intenta hacernos crecer, tanto si nos gusta como si no.

No es fácil enfrentarse a la sombra. Se necesita valor y ésta inevitablemente nos cambia la vida. Para poder reconocer a la sombra, tenemos que reconocer nuestras proyecciones, y después eliminarlas una a una. Eso nos lleva a darnos cuenta de que todos nosotros somos varias personas a la vez; de que somos, al menos en parte, uno con todos los que nos rodean. En la etapa de la sombra, esa consciencia es sólo parcial, pero el sendero que seguimos a partir de entonces es ineludible.

La sombra y el problema del mal

En el momento en que la luz queda separada de la oscuridad, y nos identificamos exclusivamente con la luz, todo aquel que sea diferente a nosotros queda automáticamente identificado con la oscuridad. Pero necesitamos los valores escondidos en la oscuridad igual que necesitamos los valores abiertamente reconocidos de la luz. Esta necesidad nos lleva a proyectar la oscuridad escondida sobre aquellos que percibimos como diferentes a nosotros. Miramos a nuestros enemigos y vemos todo aquello que no queremos ver en nosotros mismos. No es extraño que intentemos destruirlos con tal ferocidad.

Hay que enfrentarse con la sombra, tanto en un nivel individual como en la vida de la cultura en la que vivimos. Es el primer paso hacia la consciencia. Sin consciencia estamos a merced de lo peor que habita en nosotros.

La sombra oculta en la luz de la ciencia

Todos tenemos miedo de mirar a los monstruos que tememos habitan en nuestro interior. La antigua historia de la caja de Pandora nos aconsejaque dejemos las cosas escondidas allí donde están. Pero es precisamente cuando no examinamos nuestro lado oculto cuando éste crece hasta proporciones monstruosas e irrumpe en el mundo exterior. Una vez empezamos a reconocer que los monstruos que vemos fuera vivendentro, ese peligro decrece. En lugar de ello, descubrimos el principio de la sabiduría que cada supuesto monstruo nos puede enseñar.

Localizar la sombra en la vida cotidiana

La fase de la sombra es esa etapa de nuestro desarrollo cuando nosvemos forzados a admitir conscientemente que ciertos rasgos de personalidad indeseables son una parte nuestra. Una vez hemos pasado totalmente por este proceso, habremos accedido a una fase diferente de nuestro desarrollo personal. Aunque habrá otras figuras de sombra que aparezcan en el futuro, nunca volveremos a tener que aprender el proceso de integración de la sombra.

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EL ANIMA Y EL ANIMUS

El anima/animus como arquetipo de relación

Después de haber integrado los aspectos de sombra del anima/animus, ¿qué queda que se pueda representar mejor en el inconsciente con una figura del sexo opuesto? ¡La relación! La relación entre un hombre y una mujer, una totalidad que es mayor que cualquiera de los dos individuos participantes en la relación. Esta relación es tan significativa en nuestras vidas que filtramos gran parte de nuestra percepción de la realidad, tanto si es realidad interior como exterior, a través de esa experiencia. El aspecto arquetípico del anima/animus no está gobernado por las características particulares que el sexo opuesto posee; viene determinado por la relación que tenemos con alguien que es necesariamente diferente de lo que somos nosotros, pero no por ello considerado como la sombra, es decir, un antagonista. Al igual que el tipo introvertido y el extravertido eligen sus caminos característicos entre la miríada de opciones de la vida, también nuestra vida se estructura mediante las conductas sexuales innatas y las estructuras arquetípicas que evidenciamos hacia el sexo opuesto. Es decir, nos comportamos con relación al mundo de manera muy parecidaa como lo hacemos con el sexo opuesto. Si tendemos a dominar a nuestro compañero sexual, tendemos a dominar a otras personas y a otras situaciones. Si coqueteamos pero no nos comprometemos con nuestros compañeros sexuales, es probable que hagamos lo mismo con todo lo que llega a nuestra vida. Esto es exactamente lo que es el anima/animus: una estructura interior a través de la cual tenemos una relación en la vida, porque la relación adulta primordial es la que existe entre hombre y mujer.

Mientras tengamos temas de la infancia por resolver con nuestros padres, esos temas seguirán ocupando el lugar central de nuestra vida adulta. Una vez resueltos estos temas de la infancia, nuestra relación con el sexo opuesto se convierte en la relación primordial de nuestra vida adulta. Muchas veces es la misma aparición del sexo opuesto en nuestra vida lo que nos fuerza a finalmente resolver temas de la infancia. Cualquier relación lo suficientemente intensa para alejarnos del apego infantil hacia los padres es realmente muy importante, y a partir de allí se convierte en el principal filtro psíquico.

La agitación emocional causasa por el anima/animus

Para poder integrar la sombra tenemos que aceptar que tenemos pensamientos y deseos que no encajan con la prístina imagen que tenemos de nosotros mismos. Tenemos que aceptar que existe algo más que el papel que interpretamos en la sociedad o en el hogar. Tenemos que dejar de juzgar a los que nos rodean y aceptar que el problema reside en nuestro interior. Y después tenemos que dejar de juzgarnos también a nosotros mismos. Tenemos que comprender que esas cualidades al parecer horrendas de las que intentamos escapar podrían tener algún significado en nuestra vida. Ello requiere un enorme coraje y sinceridad, así como grandes dosis de paciencia para realizar la tarea. No obstante, la mayor parte del esfuerzo empleado para integrar la sombra en la personalidad es el que se hace con el inconsciente personal. En el núcleo de la sombra existe una invariante cognitiva del temido «otro» que trasciende nuestra experiencia personal y es, por ello, colectiva. Pero las cualidades que integramos en la personalidad son las nuestras (aunque a veces no las reconozcamos como tales). Una vez dejamos de luchar contra ellas, podemos sentir la fuerza del reconocimiento.

El anima y el animus son asuntos muy diferentes.

Proyecciones del anima/animus

Trabajar con el anima/animus es mucho más difícil porque está situado a un nivel más profundo del inconsciente. Ya no estamos tratando sólo con nuestras propias cualidades personales, tanto conscientes como inconscientes. En lugar de ello, estamos haciéndolo con las relaciones arquetípicas entre hombres y mujeres, que forman una lente interior a través de la cual se observan todas las relaciones. Cuando los hombres y las mujeres se enamoran, es como una gran conmoción.Todas las reglas desaparecen y quedan poseídos totalmente por el enamorado. La vida solamente tiene sentido cuando están con esa persona, o por lo menos cuando piensan en ella. Esa persona es la perfección personificada, más allá de cualquier reproche o crítica.Ya hemos aprendido suficiente sobre la naturaleza de la proyección cuando trabajábamos con la sombra, para darnos cuenta ahora de que las proyecciones revelan más sobre nosotros mismos que sobre la otra persona. Ninguna persona real es así de maravillosa, igual que ninguna persona real es tan malvada como las proyecciones de la sombra nos llevarían a pensar. Al igual que con la sombra, cuando nos enamoramos estamos proyectando nuestras cualidades interiores contrasexuales sobre alguien que posee un «gancho» adecuado.

Más adelante, cuando la relación avanza, los enamorado empiezan a ver a la persona real, en lugar de la proyección. ¡Ello frecuentemente es una sacudida suficiente como para terminar con la relación! Muchas personas nunca van más allá de eso en cualquier relación; simplementese enamoran en serie, sin llega a profundizar en su implicación con el sexo opuesto y, por tanto sin llegar a reconocer jamás las partes contrasexuales de su propia personalidad.

La unión de lo opuestos

Cuando llegamos al anima/animus arquetípico, una vez más experimentamos algo opuesto a nosotros. Pero esta vez, al excavar más profundamente, no nos vemos a nosotros devolviéndonos la imagen; en lugar de ello encontramos a nuestro complemento, eso que necesitamospara ser enteros. Pensemos en todos los pares de opuestos con los que nos relacionamos todos los días: caliente/frío, activo/pasivo, duro/blando, pensamiento/sentimiento, sensación/intuición, agresivo/receptivo, etc. Cada uno de ellos viene definido por su opuesto: sin calor no existe nada que sea frío; sin frío, ¿qué significaría caliente? Cuando pensamos en cualquiera de esas cualidades siempre tenemos su opuesto en mente, consciente o inconscientemente.

Separar esos pares en grupos opuestos, y después referirnos a un grupo de características como femenino y al otro como masculino es, en el mejor de los casos, sólo una burda aproximación a la realidad que experimentamos. Al igual que todos los pares de opuestos, masculino y femenino son conceptos inseparables, y cada uno de ellos en gran parte define a su opuesto. El I Ching utiliza los términos yin y yang para presentar este concepto de pares opuestos, y aunque el yin se asocia más frecuentemente con lo femenino y el yang con lo masculino, enpalabras de Colé Porter: «No es necesariamente así.»

Es significativo que la pareja yin/yang se represente como un círculo con una línea ondulada que lo divide por la mitad. Un lado es claro, el otro oscuro. Pero si miramos más atentamente, podemos ver un diminuto semicírculo oscuro en el lado claro, y un diminuto semicírculo claro en el lado oscuro. Y dentro de cada uno de ellos, veríamos el mismo proceso repetido, hasta el infinito. Esto simboliza la unidad que subyace tras la oposición y que es imprescindible para comprender el concepto oriental de yin y de yang (así como el de anima/animus).

El anima/animus en las relaciones

Al igual que las proyecciones de la sombra, cuando la necesidad de una conexión con las propias cualidades contrasexuales es lo suficientemente fuerte, el anima o el animus es proyectado sobre una persona del sexo opuesto. Pero en este caso, es una atracción junto a unas cualidades deseables lo que proyectamos, en lugar de una repulsión junto con sentimientos negativos. En otras palabras, nos enamoramos. Enamorarse es un sentimiento maravillosamente placentero. Incluso el dolor agridulce que sentimos con el anhelo de un amor no correspondido es preferible al insulso estado mental en el que pasamos la mayor parte de la vida.

Por desgracia, cuando vemos salir a la persona real de detrás de la proyección, es mucho más fácil romper con ella y esperar a «ena-morarnos» de nuevo que buscar un camino hacia una relación real.

Por otro lado, debido a que nos vemos atraídos hacia el enamorado,  y nos encantan todas sus cualidades (aunque no nos demos cuenta deque esas cualidades son básicamente nuestras y no pertenecientes a la otra persona), logramos observar y relacionarnos con partes de nosotros mismos que de otro modo no veríamos.

Anteriormente mencioné la idea de George Vallant de que la predicción más válida de una salud mental era la capacidad de mantener una relación a largo término. «No es que el divorcio sea peligroso ni malo, sino que amar a las personas durante un largo período de tiempo es bueno.» Ocurren dos cosas cuando amamos a alguien durante largo tiempo:

1) Llegamos a conocerle mejor; y
2) Nos conocemos mejor a nosotros mismos

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EL SELF

En el capítulo 5 definimos el Self brevemente como una plantillai nterior de la persona que se supone que tenemos que ser. Como tal, siempre será un objetivo futuro, que no se acaba de alcanzar del todo.Pero es mucho más que eso. El Self es el «dios interior», la aproximación psicológica más cercana a la divinidad, capaz de provocar la maravilla y el temor reverente que normalmente asociamos con los encuentros con lo divino. (Ya aludimos a esta cualidad numinosa del inconsciente colectivo en el capítulo 4 cuando hablábamos de la función inferior.) Por último, el Self también es la «función trascendente» que establece la totalidad y el orden dentro de la psique.

La función trascendente

El estudio de Jung del proceso de individuación, tal como se refleja en nuestros sueños, revela que se trata de un proceso exacto; en cada momento de nuestro desarrollo nuestra psique contiene un retrato de lo que podemos ser idealmente. Este yo ideal es el centro alrededor del cual giran tanto nuestro ego consciente como nuestra sombra inconsciente,en perfecto equilibrio. Cuando nuestra personalidad consciente se aleja demasiado de ese ideal, se forma una figura de sombra compensatoria en el inconsciente. Cuando nuestra personalidad consciente se acerca más a ese ideal, también lo hace la sombra; se vuelve menos malvada y odiada, más como nuestra personalidad consciente. Esta función trascendente literalmente trasciende tanto el consciente como el inconsciente.

El Self en los sueños

El árbol es una imagen excepcionalmente adecuada del Self como un «proceso de crecimiento». El tronco del árbol vive y crece en el mundo tal como lo conocemos (igual que todos nosotros). A partir de ese punto fijo, se extiende en las direcciones gemelas de la tierra y el cielo. Las raíces profundizan en la tierra, que simboliza la base instintiva de toda vida. (Desconectados de nuestros instintos perecemos igual que un árbol sin raíces). Pero el árbol también necesita desarrollar ramas y hojas que asciendan hacia el cielo para absorber la energía del sol. Ésta es la imagen perfecta de la necesidad humana de valores espirituales; sin una profunda y comprometida conexión con algo más grande que el ser humano, todos nos marchitamos y morimos.

La personalidad Maná

A medida que trabajamos con la sombra, nos damos cuenta de que nuestro enojo y aversión está realmente dirigido hacia nosotros mismos. Así que la venda de nuestras propias proyecciones se nos va cayendo de los ojos, descubrimos que poseemos esperanzas y deseos, capacidades y posibilidades que no estaban en la imagen previa que teníamos de nosotros mismos. Esa autoimagen ahora nos aprieta. Pero, aunque la sombra es una figura colectiva conocida en todas las culturas, todavía no hemos profundizado demasiado en el inconsciente colectivo. Cuando trabajamos con la sombra, la mayor parte de la lucha es con nuestro inconsciente personal.

En el caso del anima/animus nos enfrentamos en gran parte con la experiencia colectiva, aunque, inicialmente, tropezamos con el aspecto de sombra del anima/animus, que todavía es, básicamente, una lucha con el inconsciente personal. Entonces, incluso después de que lleguemos al aspecto arquetípico del anima/animus, gran parte del tiempo tratamos con las dificultades personales con las relaciones. Pero el auténtico poder del anima/animus procede de la experiencia colectiva de la humanidad al tratar con el problema de las relaciones, especialmente la relación entre hombre y mujer

Nuestras luchas con la pareja anima/animus son más arduas que aquellas con la sombra porque la pareja nos lleva un paso más abajo en la profundidad del inconsciente colectivo. De acuerdo con ello, el anima/animus tiene mucha más energía que la sombra. El Self estáaún más alejado de la consciencia y, por ello, es todavía más difícil de reconocer conscientemente como parte de nuestra psique individual, y posee mucha más energía

En el caso de la sombra, decimos, «ése no soy yo», y hacemos una mueca de desagrado. En el caso del anima/animus, decimos «ése no soy yo», pero es posible que estemos interesados (aunque sintamos quizá un cierto temor). En el caso del Self, decimos, «ése no soy yo», e inclinamos la cabeza, o salimos corriendo de miedo. El Self parece estar definitivamente más allá de la comprensión humana. Pero a pesarde ello también forma parte de nosotros; sin él seríamos algo menos que totalmente humanos

Aquellos que tienen suficiente valentía y suerte para integrar el anima/animus «se tragan» un montón de energía colectiva que no les corresponde, y con el tiempo descubren que es totalmente indigestible. Cuando primero intentan digerirla, se hinchan y creen que se han convertido en los portadores de un conocimiento secreto muy superior al de los hombres y mujeres normales. En términos junguianos, han sufrido una «inflación,» están llenos de maná que no les pertenece. Es importante que las personas que conscientemente caminan por el sendero de la individuación aprendan a reconocer cuándo están sufriendo una inflación. Las personas que traen figuras numinosas del inconsciente al consciente mediante la interpretación de sueños, la imaginación activa, etc., inevitablemente alternarán entre temporadas de inflación y de depresión. Es algo que no se puede evitar, de la misma manera que no podemos evitar mojarnos cuándo nos metemos en el mar. Tenemos que reconocer cuando sentimos que nos estamos hinchando, y entonces rebajar conscientemente la inflación, así como reconocer la depresión igualmente como algo no humano y volvernos aconectar con el mundo.

Lo importante es darnos cuenta de que la energía sobrehumana que sentimos no es nuestra, que pertenece a la historia colectiva de la humanidad y que está contenida en los arquetipos. Cada vez que nos sintamos poseídos por un arquetipo, seremos literalmente inhumanos, simples figuras bidimensionales diseñadas por los siglos para encajar en todas épocas y situaciones. Atrapados dentro de esa posesión, no existe el desarrollo ni el cambio.

Por desgracia, muchas personas nunca van más allá de la etapa de la personalidad maná. Se ponen la capa del mago o de la bruja, del gurú o del sabio, del hombre sabio o de la hechicera. O bien proyectan la imagen en otra persona y aceptan el rol, igualmente superficial, de discípulo del maestro. Ninguno de esos roles es probable que lleve a ningún resultado prometedor. Estos resultados dobles son especialmente probables en aquellas tradiciones espirituales que no tratan progresivamente con la sombra y el anima/animus, sino que intentan avanzar directamente hacia algún valor final: la luz, el nirvana, la unidad con Dios, etc.

Las luchas con la sombra y con la pareja ayudan a desarrollar la musculatura psíquica y moral, que nos ayudará a trabajar con la personalidad maná. Las personas que han integrado la sombra nunca olvidarán lo engañados que podemos llegar a estar acerca de nuestros pensamientos y deseos. Aquellas que hayan integrado el anima/animusnunca olvidarán lo engañados que podemos estar acerca de nuestros sentimientos y valores. La humildad que se va adquiriendo con esas experiencias es una poderosa armadura contra la inflación.

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El hombre no cambia con la muerte a su parte inmortal,
sino que es mortal e inmortal incluso en vida,
al ser tanto ego como Self.
Carl Gustav Jung
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Un pensamiento en “Robin Robertson – Introducción a la Psicologia Junguiana

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